Norte


Parece que, después de casi un mes de viaje, con nuestra llegada nos hemos traído el frío... o serán cosas del norte...

Sobre dos ruedas


Todavía conservamos muy fresca la ilusión de cuando recibimos en la casuca dos paquetes muy especiales que nos enviaban desde Girona un vendedor muy majo: Nuestras bicis. Desde que las probamos no hemos parado de rodar por toda la comarca, hemos asaltado mercadillos en busca de los mejores productos de la zona y algunos incluso han aprendido a disfrutar de la libertad de llegar a la playita apartada sobre dos ruedas. Es nuestro vehículo y nuestra forma de vida.
Ahora nos embarcamos a cruzar la penísula, afundirnos con el paisaje del Ebro, a sentir, una vez más, la aventura de pedalear. 
¡¡¡¡Os queremos bicis!!!!  

La huerta


Aunque comenzamos a cultivar muy tarde la huerta, esta ha sido nuestro gran tesoro del verano. Cuando la mayoría de los campos ya comenzaban a dar sus primeros frutos nosotros apenas arábamos el arcilloso terrenito que escogimos en la parte delantera de la casa, donde daba el sol a diario y la brisa era más suave. Pero a pesar de lo tardío de nuestra propuesta, de un campo salvaje lleno de topos, babosas (lumiacos como aquí las llaman) y un clima propenso a dejarnos un rastro de hongos entre las recién germinadas plantas, con lo que más nos tocó lidiar fue con la fauna autóctona de la zona: los vecinos. Tooodos los días alguno se asomaba por la huerta y véngate a decir que si -es mu tarde pa plantar!- , -ahí no lo pongas que ahí no te saldrá ná- o - Vas a tener que sulfatar ¿eh? ponle sulfato a los tomates porque si no no vas a probar ni uno!- Y nosotros empeñados en que no queremos echar venenos, ni químicos, ni nada de nada que sea dañino a los insectos y animales que se acerquen a la huerta porque, al fin y al cabo, el campo es de ellos también. Así que nada, a vigilar que ningún vecino se colase sin permiso con sus sulfatos y sus venenos a regarnos nuestra huerta (que mira que estaban empeñaos..) y a llevarnos los típicos disgustos de tener que parar a más de uno los pies... Y mirad, aquí tenéis el resultado, un final feliz en el que todos alucinan con nuestra sana huerta porque, además de preciosa, está riquísima!!!!
Por suete, nuestros vecinos son más que unos guerreros del hongo, y nunca nos ha faltado de nada de sus cosechas: las mejores judías verdes que he probado fueron un regalo de Lolo, y los huevos de Tere y Goriuco. Y ese calabacín de Nieves de casi 50 cms!!! Va por ellos: GRACIAS

Las fiestas




Recién llegados a Orejo y ya estamos invitados a las romerías de San Pedruco, en el pueblo de al lado. Enseguida un vecino nos anuda al cuello un pañuelo azul como el que él lleva para que no parezca que han llegado los turistas. Y después, a subir a la capilla a hacer el típico "toque de campana" y lograr ser definitivamente uno más. A partir de entonces, que no nos falte de nada: la cerveza, el chorizo, bailes folklóricos, un camión de helados, otro de chuches y souvenirs de recuerdo, el plato de paella vecinal, un vinito para alegrar el corazón... hasta una compañía de clown que toca jazz y nos hace reír aún más desde donde, unas horas antes, se había oficiado misa al patrón de las fiestas.  

Gracias, familia Gándara-Enales ;)

La hoguera es tu carta de presentación

Vamos a aclarar las cosas: En el pueblo no te respetan hasta que no has hecho una buena hoguera. Aprovechando que era la noche de San Juan decidimos hacer un guiño al vecindario prendiendo un buen fuego, siempre con mucho cuidado de tenerlo controlarlo (por suerte había estado lloviendo las jornadas anteriores y el terreno estaba muy húmedo). Y al día siguiente los vecinos estaban impresionados: esto arraiga más al pueblo que el empadronamiento (bueno, esto y tomarse unos blancos). Ya podemos decir que somos Orejanoides ;)

Nuestra primera visita.



Este pequeño mochuelo cayó del tejaduco. Y era tan bonito que ahí lo dejamos libre con su mamá y sus tres hermanucos. 

Cada noche salen del nido para aprender a volar. Cuando se quieren comunicar hacen unos gestos muy cómicos y dan unos chillidos muy agudos cuando van a cazar.

¡Ay cómo les queremos a nuestra familia de mochuelos!

¡Hola!

Gracias por asomar el ocico a este verde espacio del cyberespacio. Así pues os damos la bienvenida a la comunidad rural del Orejo, municipio perteneciente al concejo de Marina de Cudeyo, Cantabria, Spain, Europa, el Mundo... Con nosotros, recién llegados, ya somos unos cuatrocientos habitantes (humanos, porque seguro que las vacas nos doblan en número).

Con este blog pretendemos hacer llegar las historias del boca a oreja que aquí se cuentan, ejercitar  nuestras dotes blogueras
(que falta nos hace) y, sobretodo, compartir esta nueva etapa que comenzamos dentro del entorno rural que tan marciano
nos parece a veces.